martes, 20 de junio de 2017

Infierno en Bolivia; 53 Años Después.


Sangre, dolor y lágrimas, ofreció a su pueblo el gran estadista ingles Winston Churchill para salvar a su patria de la destrucción con que la amenazaba Adolfo Hitler. Víctor Paz Estensoro y Hernán Siles Zuazo dieron al pueblo boliviano igual dosis de lágrimas, sudor y sangre, pero no para defenderlo o engrandecerlo, sino para destruirlo con su sistema político similar al de Rusia o China, hipotecándonos hasta Dios sabe cuándo.

Es de esta manera que inicia el fantástico libro de Hernán Landívar Flores, boliviano nacido en el departamento de Santa Cruz de la Sierra que atravesó de una manera dolorosa por todo el proceso de la revolución nacional, quien de una manera adelantada a su época y con la mínima formación académica posible realizo uno de los ensayos críticos más sobresalientes de la historia boliviana en la segunda mitad del siglo XX, en opinión de un servidor.

Han pasado 53 años desde que público por primera vez su libro intitulado “Infierno en Bolivia”, en el que denuncia abiertamente y sin ningún tipo de temor las vejaciones a las que él cómo cientos de bolivianos fueron sometidos desde el 11 de abril de 1952. Eludiendo el nacionalismo enajenante de la época y el aparente heroísmo de las acciones de los movimientistas del MNR, Landívar relata todo sobre los espeluznantes acontecimientos liderados por Estenssoro y Zuazo en compañía de todos sus partidarios.

Destacaron las cámaras de torturas y el campo de concentración en Corocoro, lugares donde los perseguidos políticos eran llevados para ser torturados y en muchos casos asesinados a nombre de la sangrienta revolución, las persecuciones hacia las familias de cualquier detractor del movimiento y el exilio en propia tierra, pues aquellos que no caían por desgaste físico eran puestos en libertad para morir lentamente de hambre al no poder conseguir trabajo.

Si bien su obra se encuentra plagada de fanatismos del lado contario a la revolución como ser patriotismo católico ortodoxo, mesianismo en relación a los líderes caídos y una notoria parcialidad por el partido liberal de Bolivia, el autor consigue dilucidar los hechos que contradecían el aparente espíritu patriótico de la revolución, minimizar sus supuestos logros ya que con sus acciones futuras caerían en las mismas prácticas de sus predecesores y separar al humano del caudillo, es decir, identificar la humanidad frágil y manipulable de los líderes de ese entonces, quienes como el mismo describe, no eran más que hienas en busca de presas fáciles de cazar.

Considero que es importante revivir esta obra olvidada en las bibliotecas del país por una sencilla razón, los bolivianos a lo largo de nuestra historia adolecemos del mal congénito del olvido de nuestra propia historia y particularmente olvidamos todos los hechos nefastos que atormentaron a nuestros ancestros, lo que nos lleva a repetir los mismos errores una y otra vez.

Así como la población deposito su fe ciegamente en Víctor Paz Estensoro, lo que nos llevó a una era de gobiernos caracterizados por el partidismo exacerbado, unilateral y corporativo, actualmente nos vemos en una situación similar, donde la demagogia, monopolio de Estado y caudillismo nos ha introducido en un terrible estancamiento retrograda en el que nos vemos reducidos a simples fichas, sustituibles a los ojos de nuestros pedestres y chabacanos líderes.

“Infierno en Bolivia” es un grito clamoroso que muy pocos ha conseguido escuchar, en el que llama a la reflexión continua sobre la manera en que dirigimos nuestros destinos como miembros de una nación, en el que resalta el hecho de que cualquier ideología que requiere robar, engañar y asesinar, por más bien intencionada que sea, a la larga nos llevara a todos a la ruina.

Landívar escribió su obra con la creencia de que la historia daría su veredicto final, en sentido de que la conciencia colectiva condenaría la barbarie de la revolución en el futuro, pero aquí estamos 53 años después y la mentalidad no ha cambiado.      


Christian Andres Gonzales Calla.
Politólogo.  

jueves, 8 de junio de 2017

¿Comunismo Ecológico?



¿Comunismo Ecológico?

Ha pasado más de un año desde que escuche a Álvaro García Linera dar una declaración en la que hablo de la supuesta relación entre el Comunismo y el ecologismo, divagando entre razonamientos infundados y atacando constantemente a sus enemigos imaginarios, finalizo su discurso demagógico bautizando a la nueva guía para la política mundial como el “Comunismo Ecológico”.        

Las palabras de Evo Morales, presidente de Bolivia, en la relación al medio ambiente en los últimos días han causado todo tipo de reacciones, desde las anticipadas aclamaciones de sus partidarios como las esperadas criticas de sus detractores, resaltando el hecho de que proclamo más de una vez al “ambientalismo social de los pueblos” como la esperanza del mundo ante el “ecologismo colonial decadente” de occidente. 

Por otro lado las afirmaciones de Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, de que Bolivia es una especie de “productor de oxígeno” han causado que muchos califiquen por lo más bajo de desatinadas sus palabras y las de personas como un servidor, que las hemos tachado de torpes o desinformadas.

Pero más allá de la coyuntura política, es necesario analizar el tema del medio ambiente fuera de las posturas discursivas e intentar identificar sus características empíricas, aquellas que son más cercanas a la realidad, para poder diferenciar entre los auténticos defensores del entorno y los que lo utilizan para lanzarse a la vida pública.  

En la actualidad los diferentes movimientos socialistas a nivel mundial han conseguido camuflar sus posturas utilitaristas en muchos temas coyunturales de gran trascendencia, entres estos resalta el feminismo, los derechos humanos, el acceso a servicios básicos e incluso la educación universal, sin embargo uno de sus principales logros es haber conseguido fundirse con el ambientalismo, aun cuando esencialmente sean incapaces de comprender sus diferentes posturas.

Es necesario mencionar que tanto el liberalismo económico como el socialismo científico no guardan una relación directa con el discurso ecologista originalmente, en otras palabras, los ambientalistas viven en una suerte de orfandad doctrinaria. Esto se debe al hecho de que para ambas escuelas del pensamiento humano, la explotación de los recursos naturales es un hecho incuestionable para la evolución de la sociedad, la diferencia entre ambos es la manera en que dicha explotación se llevada a cabo.

En palabras de H.C.F. Mansilla, los socialistas siempre han sabido posicionarse en la palestra de los tópicos que atraen más redito político y monetario, por lo tanto era de esperarse que se apropiaran del discurso ambientalista y utilizarlo para atacar a los supuestos enemigos del mismo, los liberales salvajes como ellos los llaman o los vilipendiados neoliberales en Latinoamérica.

El liberalismo económico y el socialismo científico están montados en el mismo tren en sentido de la destrucción del medio ambiente, eso es un hecho, sin embargo los socialistas más allá de negar esto presumen de una aparente paternidad en relación al discurso ambientalista, buscando de alguna forma auto identificarse como los únicos capaces de salvar al mundo.

Siendo todo esto contradictorio con las acciones de los diferentes líderes socialistas a nivel mundial, como ser las constantes pruebas de misiles nucleares en Corea del Norte, la deforestación masiva en China y el expansionismo extractivita de Rusia.

Al mismo tiempo que contamos con las referencias más cercanas en Bolivia, como ser el proyecto de la carretera que atreviese el parque nacional Isiboro Secure, el incremento de hectáreas de plantaciones legales de la hoja de coca, el proyecto hidroeléctrico de El Bala que inundara cintos de hectáreas de boques vírgenes y para coronar todo esto, el incomprensible deseo de volver a Bolivia en una “capital de energía nuclear soberana”.

En suma, una serie de hechos que han dejado en el olvido los iniciales discursos ambientalistas del actual gobierno de Bolivia que sedujeron a más de uno, dejando en claro lo dicho en este artículo, los socialistas solo se valen del ambientalismo para catapultarse al poder impulsados por las masas fácilmente manipulables.
                        

Christian Andres Gonzales Calla.
Politólogo.  


Farra De Poder.

La situación en Bolivia ha llegando a ser insostenible en sentido político y social, dos extremos de posturas aparentemente irreconcilia...