sábado, 8 de julio de 2017

Hegel y el Asado de Tira.



Ha pasado un tiempo desde la primera vez que en compañía de un grupo de amigos tuvimos la fortuna de poder visitar la residencia del Dr. H. C. F. Mansilla, uno de los pocos académicos que hoy en día procura instaurar las bases del pensamiento crítico en las ciencias sociales en Latinoamérica y particularmente en Bolivia.

En aquella ocasión sentados en una pequeña pero elegante sala comenzamos a charlar con el Dr. Mansilla sobre diferentes temas, que iban desde la filosofía clásica hasta las diferentes formas de encender el carbón para una parrillada, recordando a figuras históricas como Vlad Tepes el Empalador, para después hacer parangones surreales del mismo con personajes menos macabros como Esopo.

Las divertidas y en muchos casos irreales anécdotas de nuestro anfitrión, quien siempre recalcaba el hecho de a su parecer a lo largo de su vida él no había hecho nada interesante y que veía a sí mismo como un hombre aburrido, nos trasportaban de las cómodas aulas dela Universidad Libre de Berlín a las casas aristocráticas de familias tradicionales austriacas, de sus viajes por el medio oriente a su infancia entre Argentina y Bolivia.

De rato en rato no perdía la oportunidad de manifestarnos su extrañeza ante el hecho de que un grupo de jóvenes de nuestra edad (entre 25 y 32 años) fuéramos voluntariamente a visitarlo, su hipótesis era que nosotros esperábamos que él nos entretuviera con historias emocionantes, una cena abundante digna de un Rey o posiblemente la compañía de atractivas mujeres que mantuvieran llenas nuestra copas.

Nuestra respuesta simplemente era que nosotros nos sentíamos más que satisfechos al poder conversar con él en persona, darle nuestros comentarios sobre algunas de sus obras y de ser posible que nos firme uno o dos de sus libros en compañía de una pequeña dedicatoria de ser posible.

A lo largo de toda la tarde y parte de la noche jamás pudimos convérselo de lo anterior, estoy seguro que aún está intentando dilucidar sobre nuestro fuero interno para descifrar que nos motivó a reunirnos con él en su departamento aquel día.

Al caer la noche la conversación se centró en nuestra atormentada república de Bolivia, le manifesté mi teoría de que Bolivia goza de una aparente inmortalidad como Estado en sentido de que antes del ocaso de muchos Estados en el mundo estos habían llegado a su apogeo y por lo tanto a Bolivia le queda aún mucho tiempo de vida ya que estamos muy lejos de llegar a tal nivel de desarrollo. A lo que él respondió con una estridente carcajada al mismo tiempo que asentía con la cabeza en señal de aprobación.

Recuerdo que en algún momento alguien menciono a Hegel (aunque no tengo claro porque motivo lo hizo), razón por cual nuestro anfitrión manifestó nuevamente su extrañeza sobre la conducta de mis amigos así como la mía, nos preguntó si es que habíamos ensayado la conversación previamente o si es que realmente disfrutábamos hablando sobre estos temas poco apreciados por nuestros contemporáneos.  

Uno de los presentes le menciono al Dr. Mansilla que ese tipo de conversaciones era normal mientras preparábamos un asado de tira, el doctor nos preguntó si es que siempre hablábamos de Hegel mientras preparamos un asado, a lo que uno de nosotros le contesto que a veces jugamos War en lugar de cocinar y eso ocasiono que todos los presentes riéramos estrepitosamente por unos 5 minutos.

Llegado el final de tan memorable reunión el doctor nos dio un consejo a uno de mis amigos y a mi persona, como había notado un cierto aire de desdén hacia las prácticas patrioteras, populistas, santurronas y chabacanas de nuestra república, sugirió que nos consiguiéramos una chica del pueblo que nos ayude a reconciliarnos con lo peor de nuestro país.     

Ha pasado un tiempo desde esa reunión y aún no he conseguido esa chica, para ser honesto jamás la busque.
  
                                  
Christian Andres Gonzales Calla.
Politólogo.  



martes, 20 de junio de 2017

Infierno en Bolivia; 53 Años Después.


Sangre, dolor y lágrimas, ofreció a su pueblo el gran estadista ingles Winston Churchill para salvar a su patria de la destrucción con que la amenazaba Adolfo Hitler. Víctor Paz Estensoro y Hernán Siles Zuazo dieron al pueblo boliviano igual dosis de lágrimas, sudor y sangre, pero no para defenderlo o engrandecerlo, sino para destruirlo con su sistema político similar al de Rusia o China, hipotecándonos hasta Dios sabe cuándo.

Es de esta manera que inicia el fantástico libro de Hernán Landívar Flores, boliviano nacido en el departamento de Santa Cruz de la Sierra que atravesó de una manera dolorosa por todo el proceso de la revolución nacional, quien de una manera adelantada a su época y con la mínima formación académica posible realizo uno de los ensayos críticos más sobresalientes de la historia boliviana en la segunda mitad del siglo XX, en opinión de un servidor.

Han pasado 53 años desde que público por primera vez su libro intitulado “Infierno en Bolivia”, en el que denuncia abiertamente y sin ningún tipo de temor las vejaciones a las que él cómo cientos de bolivianos fueron sometidos desde el 11 de abril de 1952. Eludiendo el nacionalismo enajenante de la época y el aparente heroísmo de las acciones de los movimientistas del MNR, Landívar relata todo sobre los espeluznantes acontecimientos liderados por Estenssoro y Zuazo en compañía de todos sus partidarios.

Destacaron las cámaras de torturas y el campo de concentración en Corocoro, lugares donde los perseguidos políticos eran llevados para ser torturados y en muchos casos asesinados a nombre de la sangrienta revolución, las persecuciones hacia las familias de cualquier detractor del movimiento y el exilio en propia tierra, pues aquellos que no caían por desgaste físico eran puestos en libertad para morir lentamente de hambre al no poder conseguir trabajo.

Si bien su obra se encuentra plagada de fanatismos del lado contario a la revolución como ser patriotismo católico ortodoxo, mesianismo en relación a los líderes caídos y una notoria parcialidad por el partido liberal de Bolivia, el autor consigue dilucidar los hechos que contradecían el aparente espíritu patriótico de la revolución, minimizar sus supuestos logros ya que con sus acciones futuras caerían en las mismas prácticas de sus predecesores y separar al humano del caudillo, es decir, identificar la humanidad frágil y manipulable de los líderes de ese entonces, quienes como el mismo describe, no eran más que hienas en busca de presas fáciles de cazar.

Considero que es importante revivir esta obra olvidada en las bibliotecas del país por una sencilla razón, los bolivianos a lo largo de nuestra historia adolecemos del mal congénito del olvido de nuestra propia historia y particularmente olvidamos todos los hechos nefastos que atormentaron a nuestros ancestros, lo que nos lleva a repetir los mismos errores una y otra vez.

Así como la población deposito su fe ciegamente en Víctor Paz Estensoro, lo que nos llevó a una era de gobiernos caracterizados por el partidismo exacerbado, unilateral y corporativo, actualmente nos vemos en una situación similar, donde la demagogia, monopolio de Estado y caudillismo nos ha introducido en un terrible estancamiento retrograda en el que nos vemos reducidos a simples fichas, sustituibles a los ojos de nuestros pedestres y chabacanos líderes.

“Infierno en Bolivia” es un grito clamoroso que muy pocos ha conseguido escuchar, en el que llama a la reflexión continua sobre la manera en que dirigimos nuestros destinos como miembros de una nación, en el que resalta el hecho de que cualquier ideología que requiere robar, engañar y asesinar, por más bien intencionada que sea, a la larga nos llevara a todos a la ruina.

Landívar escribió su obra con la creencia de que la historia daría su veredicto final, en sentido de que la conciencia colectiva condenaría la barbarie de la revolución en el futuro, pero aquí estamos 53 años después y la mentalidad no ha cambiado.      


Christian Andres Gonzales Calla.
Politólogo.  

jueves, 8 de junio de 2017

¿Comunismo Ecológico?



¿Comunismo Ecológico?

Ha pasado más de un año desde que escuche a Álvaro García Linera dar una declaración en la que hablo de la supuesta relación entre el Comunismo y el ecologismo, divagando entre razonamientos infundados y atacando constantemente a sus enemigos imaginarios, finalizo su discurso demagógico bautizando a la nueva guía para la política mundial como el “Comunismo Ecológico”.        

Las palabras de Evo Morales, presidente de Bolivia, en la relación al medio ambiente en los últimos días han causado todo tipo de reacciones, desde las anticipadas aclamaciones de sus partidarios como las esperadas criticas de sus detractores, resaltando el hecho de que proclamo más de una vez al “ambientalismo social de los pueblos” como la esperanza del mundo ante el “ecologismo colonial decadente” de occidente. 

Por otro lado las afirmaciones de Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, de que Bolivia es una especie de “productor de oxígeno” han causado que muchos califiquen por lo más bajo de desatinadas sus palabras y las de personas como un servidor, que las hemos tachado de torpes o desinformadas.

Pero más allá de la coyuntura política, es necesario analizar el tema del medio ambiente fuera de las posturas discursivas e intentar identificar sus características empíricas, aquellas que son más cercanas a la realidad, para poder diferenciar entre los auténticos defensores del entorno y los que lo utilizan para lanzarse a la vida pública.  

En la actualidad los diferentes movimientos socialistas a nivel mundial han conseguido camuflar sus posturas utilitaristas en muchos temas coyunturales de gran trascendencia, entres estos resalta el feminismo, los derechos humanos, el acceso a servicios básicos e incluso la educación universal, sin embargo uno de sus principales logros es haber conseguido fundirse con el ambientalismo, aun cuando esencialmente sean incapaces de comprender sus diferentes posturas.

Es necesario mencionar que tanto el liberalismo económico como el socialismo científico no guardan una relación directa con el discurso ecologista originalmente, en otras palabras, los ambientalistas viven en una suerte de orfandad doctrinaria. Esto se debe al hecho de que para ambas escuelas del pensamiento humano, la explotación de los recursos naturales es un hecho incuestionable para la evolución de la sociedad, la diferencia entre ambos es la manera en que dicha explotación se llevada a cabo.

En palabras de H.C.F. Mansilla, los socialistas siempre han sabido posicionarse en la palestra de los tópicos que atraen más redito político y monetario, por lo tanto era de esperarse que se apropiaran del discurso ambientalista y utilizarlo para atacar a los supuestos enemigos del mismo, los liberales salvajes como ellos los llaman o los vilipendiados neoliberales en Latinoamérica.

El liberalismo económico y el socialismo científico están montados en el mismo tren en sentido de la destrucción del medio ambiente, eso es un hecho, sin embargo los socialistas más allá de negar esto presumen de una aparente paternidad en relación al discurso ambientalista, buscando de alguna forma auto identificarse como los únicos capaces de salvar al mundo.

Siendo todo esto contradictorio con las acciones de los diferentes líderes socialistas a nivel mundial, como ser las constantes pruebas de misiles nucleares en Corea del Norte, la deforestación masiva en China y el expansionismo extractivita de Rusia.

Al mismo tiempo que contamos con las referencias más cercanas en Bolivia, como ser el proyecto de la carretera que atreviese el parque nacional Isiboro Secure, el incremento de hectáreas de plantaciones legales de la hoja de coca, el proyecto hidroeléctrico de El Bala que inundara cintos de hectáreas de boques vírgenes y para coronar todo esto, el incomprensible deseo de volver a Bolivia en una “capital de energía nuclear soberana”.

En suma, una serie de hechos que han dejado en el olvido los iniciales discursos ambientalistas del actual gobierno de Bolivia que sedujeron a más de uno, dejando en claro lo dicho en este artículo, los socialistas solo se valen del ambientalismo para catapultarse al poder impulsados por las masas fácilmente manipulables.
                        

Christian Andres Gonzales Calla.
Politólogo.  


sábado, 11 de febrero de 2017

Las Dimensiones del NO



Las Dimensiones del NO.

¿Fue el escándalo de faldas del presidente Evo Morales la única razón de la victoria del NO en el referéndum del 21 de febrero de 2016? Si bien parece una pregunta evidente, considero que al mismo tiempo nadie ha procurado darle una respuesta que pueda despejar una duda que ha atormentado a los científicos sociales bolivianos durante toda la historia democrática de nuestro país, ¿Es el voto en Bolivia un acto racional o pasional?

Partiendo de las posturas binarias híper simplificadas que imperan en Latinoamérica, podríamos decir que los estudiosos de los fenómenos sociales (de tendencia socialista) afirman que la población es sabia el momento de sufragar y por lo tanto es un acto imbuido de racionalidad.

Sin embargo los fenómenos acontecidos durante la campaña electoral emprendida por el partido de gobierno en Bolivia, antes del referéndum de 2016, han generado dudas sobre dicha racionalidad en los mismos otrora defensores de la racionalidad social y la sabiduría popular boliviana.

Un ejemplo de esto son las palabras del Ministro de Defensa de Bolivia, Remy Ferreira, quien en un cometario que podría ser atribuible a su apretado nudo de corbata dijo que aquellos que votaron por el NO el 21 de febrero eran un conjunto de descerebrados, lo que pone en tela de juicio la aparente templanza de la sociedad el momento de emitir su voluntad electoral.

Por lo tanto podríamos ponderar la posibilidad de que el voto es un fenómeno que escapa a los designios de la razón y se extravía en un océano de emociones insondables, lo que nos deja ante un fenómeno social por demás complejo e imposible de ser comprendido por la lógica arcaica de las relaciones sociales primitivas, amigo / enemigo.

Respondiendo a la pregunta inicial de este artículo me atrevería a decir que NO,  pero aun así la respuesta es pobre ante un tema tan complejo, por lo que a riesgo de ser tachado de antipatriota, considero que es posible identificar tres dimensiones del NO, aquellos fenómenos que en conjunto derrotaron indirectamente al hasta ese momento invicto presidente del Estado Plurinacional de Bolivia.

La dimensión étnica: Existe una considerable porción de la ciudadanía en Bolivia que está inmersa en este doloroso rasgo de pensamiento colonial, por lo tanto no pueden tolerar la presencia de un hombre (aparentemente de origen indígena) que dirija sus destinos, lo que se tradujo en un total rechazo a su posible re postulación.

La dimensión profesional: El segmento social de profesionales en Bolivia en sus diferentes áreas se ha visto agobiado por el desprestigio y el desconocimiento de los mismos en todo lo que ha sido el diseño institucional del MAS durante los últimos 10 años de gestión, viéndose forzados a trabajar bajo el mando de personas con ninguna preparación y antepusieron ante la valorada meritocracia el vilipendiado compadrazgo, lo que se transformó en un rotundo rechazo a la posibilidad de soportar más años del flagelo de la incompetencia.

La dimensión urbana: Las ciudades se han visto afectadas por la discrecionalidad del manejo de los fondos públicos, los mega proyectos de infraestructuras innecesarias e insostenibles y no menos importante, la subcategoría ciudadana en la que los nacidos en las zonas urbanas se han visto atrapados ante la presión constante de los habitantes de las zonas rurales, lo que ha generado un notorio rechazo (de los habitantes de las ciudades) a la perduración del proyecto político del MAS.

Innegablemente existen muchos tópicos más que pueden ser incluidos entre estas dimensiones, pero considero que estos fueron los que marcaron una diferencia entre el sí y el no, más allá del escándalo mediático sobre las relaciones personales del presidente, el rechazo a la continuidad de Evo Morales en la presidencia es una construcción histórica que escapa a la coyuntura política en al que el gobierno siempre ha identificado a los responsables de sus fracasos fuera de su entorno como partido político.       


Christian Andres Gonzales Calla.
Politólogo.  

Farra De Poder.

La situación en Bolivia ha llegando a ser insostenible en sentido político y social, dos extremos de posturas aparentemente irreconcilia...